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sábado, 21 de enero de 2012

¡CAI!

Una tarde como cualquier otra, más bien parecida a esta, hace ya seis lustros que un loco corriente fue bendecido una vez más por la musa y, siempre respetando sus raíces, quizás en alguna añeja peña de un empedrado barrio marinero, escribió en una servilleta, de esas con las que juega el levante en atardeceres como el de hoy, unos versos que quedarían para la memoria de su pueblo:

A Diana que es joven le pica, le pica.
Y Carlos le dice: ¿Te rasco gordita?.
¿Y que me haras por la noche?.
Guays, plais, guais, plais, mais.

¿Esperaban algo más serio, verdad? No es necesaria la lágrima fácil para intentar explicar la grandeza de un lugar, no son necesarios ni piropos ni sermones, que no llegarían ni a la cuarta parte de lo que ya se ha escrito, pues cuando la mayoría pensamos que le hemos dado la vuelta a la noria, el gaditano nos cuenta que hay un tornillo suelto en el eje.

Tantas cosas podría decir yo de Cádiz y de su carnaval que no tengo ni capacidad ni calidad literata para poder explicarlas. Desde niño cogía el transistor a escondidas, y pasaba las noches escuchando a esa gente tan curiosa cantando. Yo, que soy de tierra de trovadores, me quedé boquiabierto al admirar por primera vez el doble sentido de un romancero, mientras apaleaba las rimas en una esquina cualquiera. Yo, que no nací en La Viña, marco el compás de un 3x4 en cualquier sitio que puedo, como si de un mostrador se tratara. Yo, he visto a un señor muy serio y respetable, con sus patillas amarquesadas y su pulcra americana, subirse a un escenario y cantar tanguillos con dos coloretes pintados.

Si hasta sé de tía Norica, de los lavaeros y de un Charlot poeta y payaso a la vez. Pero aún así lo único que me sale de dentro para poder definirlo es aquello de "silencio, silencio, silencio, que esto es Cai, Cai; si no se te levanta el vello, esto es lo que hay..." pues no hay palabras que lo definan mejor. Con el paso de los años, he comprendido que le debo a esa ciudad mucho más de lo que nunca le podré devolver. Por su gente, por su arte, por su ironía y porque he madurado sabiendo degustarla.

Esta noche se abrirá el telón de nuevo y Momo reinará mientras doña Cuaresma se lo permita. Yo seguiré como siempre, con oreja y media atento a lo que se dice, a lo que se critica; a la voz del pueblo que ahora tiene la oportunidad de pasar revista y enrojecer a más de un@. Sin derrotismos, sin menosprecios, con la simple y humilde afición y buen gusto que conjuraron los grandes maestros. Como aquel bendito majareta que una tarde como la de hoy, con su antifaz de hojalata por escudo, cansado de las penurias del que cada día sólo es alguien más, se impuso la tremenda carga de que cada Febrero la cultura de su tierra siguiese viva y, aunque los años se hayan disuelto en el tiempo y la hierbabuena se le secara, su legado sigue vivo y su obra ha hecho un pacto con la eternidad; seguro no existe mejor premio que ese. ¡CAI!



martes, 20 de diciembre de 2011

Cuestión de Marcas.

¿Por qué los chicles son cada vez más pequeños? Acabo de meterme uno en la boca y me he dado cuenta de lo abandonado que he tenido el blog esta semana, y es que tras mi enésimo descubrimiento de Twitter no puedo dejar de desperdiciar mi absurda creatividad en 160 caracteres. Por eso vuelvo para hablar de algo importante; ayer estuve en el supermercado como quien va de turismo a Benidorm, que ya hay que tener estómago por cierto, o ser muy admirador de Pajares y Esteso. 

Tras llenar la cesta de las cuatro cosas que necesitaba mis pies no me mandaron hacia la obesa y desganada cajera, parece que las buscan así en cierta cadena de hipermercados, si no que empecé a perderme en el increible laberinto de productos. Dicen que todos tenemos un sexto sentido para ciertos aspectos de la vida, y el mío parece ser fijarme en las cosas más absurdas del día a día, hay quien lo llama pop-art, pero mi madre prefiere definirlo como tontunas o "tira por delante anda".

Y es que no puedo evitar darme cuenta de detalles como que las Coca-colas, con esto de la crisis, vuelven a ser como cuando yo era un cabezón de cuatro años; con esa botella que no hay quien la coja para hacer botellón y la exacta cantidad calculada para que el cliente piense que por calidad-precio es la mejor, aunque después se dé cuenta en casa que no hay gas para tanto líquido, que a la tercera apertura del envase se convierte en café azucarado con componentes cancerígenos.

¿Y qué me dicen de los Bollycaos? Antes el que comía Bollycaos era de buena familia, eran el dulce de la burguesía acomodada; ahora al verlos ahí en la esquina baja de la zona repostera, flácidos y abandonados, sólo se puede pensar en que el tamaño no importa, por respeto al que fue y ya no es. Los Tigretones desaparecieron y ahora el dulce más mediático son los Dorayakis, el pastel de Doraemon, maldito gato cabezón. Yo siempre fui de Huesitos, ese clásico, imperturbable al paso del tiempo es como el Paul Newman chocolateado, todo un gentleman de la gula humana.

Otro gran duelo siempre ha existido entre Nutrexpa y Ferrero, o lo que es lo mismo Nocilla y Nutella; la primera mantuvo su reinado hasta mediados de los noventa, mientras que la segunda es como el cuñado que no te cae bien, pero que sabes que es mejor persona de lo que tú serás nunca. Ahora ambas se han empeñado en vendernos que pueden formar parte de un desayuno equilibrado, supongo que se refieren a que a los gorditos siempre ha sido más difícil tirarlos al suelo.

Las marcas siempre fueron marcas, por mucho que se impongan las llamadas blancas, hay cosas que no cambian. Quien es de Conejo, lo es para toda la vida; eso me pasa a mí con la Central Lechera Asturiana, siempre he dicho que para la leche hay que ser pijo porque de lo que se come se cría. En fin ya termino, tengo que levantarme hasta la chaqueta para coger otro chicle, y es que en el cuarto de hora que he tardado en escribir este artículo ya me sabe a goma quemada, debe ser que el señor Smint pensaba que debían durar lo mismo que sus caramelos...



lunes, 21 de noviembre de 2011

Dedos Manchados.

Hoy era un día raro, uno de esos días en los que es mejor mantenerse ausente, en segundo plano, con la sencilla compañía de la reflexión. Estos días me gusta desayunar fuera, pedir un café largo y cualquier base de harina tostada con aceite y tomate, no soy amante de la sal, siempre he dicho que es más difícil dejarla que el tabaco. Cuando cojo el periódico estos días, me siento como cuando chiquillo iba a la peluquería y mi padre presumía de un niño que ya sabía leer, más de unas cuantas pesetillas me he ganado en mi infancia haciendo uso de mi facilidad para las letras. Siempre cuando terminaba de leer en voz alta lo que me pedían, me limpiaba los dedos llenos de tinta con el pantalón correspondiente, cosa que me costaba más de una regañina de mi madre o de alguna tía mía que andara por las proximidades.
Hoy he mirado la portada una y otra vez para quedarme con la foto en la memoria, como si tuviera una carpeta de archivos en el cerebro, para poder repasar todas esas imágenes cada vez que quisiese. Mi tez no era de circunstancias, ni mucho menos, sólo me he indignado esta vez por la ley electoral, y tampoco es que haya perdido el sueño. Quizás con los años uno va aprendiendo que lo que piense o deje de pensar, poco más que nada va a influir en la situación global, y esto, en cualquier aspecto de la vida.

Lento sorbía el café ardiendo, no tenían hielo, miraba las caras de la parroquia del bareto. Y es que cariacontecida ha amanecido hoy Sevilla, sabiéndose último bastión del socialismo nacional, último escollo resistente de la vieja guardia. Y más la eterna Triana, que seguro se siente como un Obélix moderno, a la vanguardia del puño alzado hispalense.

Mientras en esta enrarecida jornada, tod@s daban soluciones a un país con un horizonte cada vez más gris. Mientras nuestras esperanzas se basan en ponerle una velita a la virgen morena de la Capilla de los Marineros, para que los mercados nos dejen comernos los mantecados con cierta tranquilidad. Mientras todo esto pasaba, quedaba en el olvido algo que no debería, ayer nos dejaba Javier Pradera. Quizás no se merecía una simple reseña en un blog de tres al cuarto como es este rincón perdido del ciberespacio, porque era alguien que nunca permitió verse como un actor de reparto. Alguien que también sufrió en sus carnes la responsabilidad de ser primera fila en su personal batalla y alguien, que supo hacer que los periódicos dejaran de mancharnos los dedos para hacernos reflexionar con lo sucedido. DEP.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Un turrero en la corte del rey Juan Carlos, y tal.

AVISO PARA NAVEGANTES: Este es el típico artículo por el que mis más allegad@s camaradas me tildan de monstruo, personaje y todos esos sinónimos bufonísticos que tanto me gustan. Las opiniones aquí vertidas son eso mismo y más. Para concluir, no puedo pedir que no estén en desacuerdo conmigo, y viceversa.



Anoche entre cebada fermentada arreglaba el mundo, a base de sandeces y alguna que otra mirada al cielo para verificar esta meteorología más disparatada que "El camarote de los Hermanos Marx". Así que con más potencia que la voz de Harpo, afirmé en mi interior que había llegado la hora de emprender un nuevo reto. Eran las 2 de la madrugada y sereno, aunque yo andaba algo achispado, por lo tanto comprendí, mientras embutía mi cuerpo semicongelado en el polar del IKEA, que debía ir esta mañana a un mitin político pero a uno importante, de esos que llaman Central de Campaña. Es evidente que la aventura ya rondaba mi subconsciente pero fue, como tantas otras veces, mi amada y amarga diosa rubia alemana quien me despejó de dudas, y me dio el empujón que tanto necesitaba.

Por lo tanto esta mañana a las 9 ya estaba desayunando como un campeón y, para mi sorpresa, sin resaca alguna, será cosa de pensar en verde con más constancia y empeño que la madre que ahorra con el Fairy. Me he puesto una camisa de cuadros azul (reside la elegancia en el contraste), mi "barba" de tres días y las gafas de pasta para darme un aire intelectual. He salido a la calle para volverme a por una casaca, y es que hacía un día de chaqueta de pana, sin ganas de ser oportunista. Tras mi acicalamiento burgués he salido a la calle para coger un taxi, me faltaba "La revolución permanente" debajo del brazo para protagonizar una serie televisiva de la transición. ¿Por qué fracasaría José Coronado con "Los 80"? Preguntas que no cambiarán el mundo...

De camino a la estación, le he preguntado al taxista por El Velódromo, que no es el estadio del Olympique de Marsella sino el lugar donde se celebraba el acto. Me ha indicado que eso estaba más o menos donde Cristo perdió la sandalia, y que una vez fue a llevarle las llaves a un conocido para que abriera, que al parecer tenían carrera. Yo hasta ese momento pensaba que me dirigía hacia un pabellón deportivo, así que acto seguido le he consultado si había visitado o estado alguna vez en Turre... Tras su afirmación, he dilucidado que quizás no era muy socialista o que tenía mucha guasa. Supongo que lo segundo, porque llevaba a todo trapo a Ismael Serrano en el equipo de música, o quizás era la radio...

Una vez que he llegado a la parada de Cantaelgallo, muy conocida porque allí pasa el AVE pero no para, demasiados pájaros para un mismo corral (este chiste es malo y mío). Una vez allí, me he dirigido hacia un edificio que pondría cachondo al propio Calatrava. Allí no había rastro de caballos ni albero alguno, no ha sido hasta que no me he acoplado entre el gentío, cuando he mirado al suelo y me he dado cuenta que era para bicicletas, eso lo explicaba todo. Cantaban los Hombres G en directo, de todos los temazos famosísimos que tienen han escogido uno un tanto raro, no se qué de un mamón que sufre... Curioso cómo se vive como un marajá toda una vida, a base de contarle a la gente que tu novia te puso los cuernos. Me sentía como en Woodstock, más por la media de edad que por la calidad musical.

Las banderas se movían en una marea de igualdades, estado de bienestar y plástico barato, unas 30.000 almas coreaban el himno de la agrupación de Pablo Iglesias, bajo gigantes pancartas que lucían el lema "Pelea por lo que quieres" y yo, en ese momento lo hacía por buscar un humilde sitio, entre hombres calvos y señoras armadas con rosas de sus jardines. Aseguro que es más difícil adelantar una posición en un mitin socialista que conquistar Rusia en bermudas, lo he sufrido en mis carnes. Una vez he divisado un lugar acogedor me he acomodado, junto con una pareja setentona muy simpática, que portaba una bandera morada, quizás pensaban que era Azaña el que hablaba esta mañana, poco importaba porque ya empezaba. A Griñán me vas a permitir querido lector el privilegio de saltármelo, soporífero, nunca ha sido muy de mi gusto. Pero en el momento en el que han entrado en escena los barones de este reino, los Rolling Stones de las libertades, la cosa ha cambiado.

Siempre he sido Guerrista hasta la médula, admiro a un señor que dice lo que quiere, cuando quiere y como quiere, es como el tío soltero de las cenas de navidad. Que no hay que hacer campaña con lo de ETA: "Rubalcaba es quien lo hizo posible le pese a quien le pese", que no hay que meterse con los catalanes que allí nos votan: "El PER de Andalucía y Extremadura suma 400 millones y sólo el de Barcelona 7.000 millones", que "yo no necesito pertenecer a ninguna asociación de esas que llaman Elegidos de Dios, que yo soy alguien corriente". Genio y figura, todo un showman.

Y ya Felipe es otro cantar, esa melena vuelve locas a nuestras abuelas, es cierto, tiene carisma y no necesita ponerse traje, cuando uno cumple una edad nadie se fija en lo que lleva puesto. González se parece un poco a Mourinho, siempre habla de lo que él hizo, claro que tiene sus porqués bien claros. Mientras la señora de mi lado no paraba de decir lo guapo que estaba, me he fijado en que nuestro ex-presidente le habla al pueblo como un padre a un hijo: "Os lo dije", "Os avisé", "Habéis visto como iba a pasar"... No te juntes con esa gente que son del PP y me manchan la alfombra. Me quedo con una frase apoteósica: "¿Sabéis por qué Arenas nunca se había presentado en su tierra? Porque aquí lo conocemos..." Palabra de Felipe González, amén.

Y ya sólo me quedaba por ver a "el elegido" que siempre ha sido de mi agrado, es la niña bonita de mis políticos aspañoles. Mientras Rubalcaba arrollaba las teorías peperas con esa labia que la naturaleza le ha dado, cientos de personas también lo hacían saliendo a la calle, no porque no les interesaba sino porque la vejiga a cierta edad aprieta. Quizás le veo un fallo a estas elecciones, debería enviarle una carta al PSOE para que se den cuenta de la estrategia que seguro que les da la victoria, no podemos tener en el siglo XXI un presidente que se llame Mariano o Alfredo, suena a película de Paco Martínez Soria. Creo que deberían hacer como con Patxi en el País Vasco y llamarlo Al Rubalcaba, es más fluido, lo veo muy trending-topic.
Esto es como los conciertos y prometo que repetiré, me ha gustado la experiencia, si hasta hay grupis que arrancan los nombres de las estrellas de sus sillas. Una señora, que tenía pinta de ser importante en el partido por la de pines que llevaba en su jersey de punto, me ha colado hasta el estrado, allí me he sentido un pétalo más de la rosa. Y es que no puedo evitar terminar el artículo hablando en primera persona, es sumergirme en estos lares, con su empaque de público, banderitas y egos enfrentados y ya me siento uno más, no puedo evitar meterme en el papel. Si hasta he pensado en presentarme yo a las siguientes, para reconciliar un poco el 15-M y la Generación Perdida con la democracia, claro que quizás a ciertos barones de este reino y a una tal Chacón no les haga mucha gracia, aunque estoy seguro que con la guerra que doy, Alfonso me apoya. Estoy deseando que llegue el mitin del PP, tengo la camisa de Rafael Lorenzo ya planchada, prometo que ensayaré para la foto.

jueves, 20 de octubre de 2011

Aquí tienes mi nuca...

Recuerdo aquella tarde como si fuera ahora mismo. Sentado en el suelo, con mi pelo afro indomable y el trasero congelado, miraba sin perder detalle mi vieja Grundig en el salón de mi casa. Millones de personas llenaban la Castellana y todos sentados formaban simbiosis, entre el silencio y aquella frase tan dura. Juntaban los dedos pintados de blanco por detrás de sus cuellos y yo, en mi infantil pensamiento, pensaba que estaban locos, que los iban a matar a todos, igual que a Miguel Ángel.
Ese fue el principio del fin, ya sólo asustaban a los niños. Claro que iba a seguir corriendo sangre, claro que se iban a seguir cometiendo barbaridades, pero algo había cambiado. España entera había dejado de decir aquello de "no sirve para nada, ahora estarán descojonándose mirando el televisor en sus cuevas". Se llenaron las calles de rabia contenida y se les plantó cara con la mayor fuerza que existe, la de la libertad.

Eran lobos sedientos de sangre, y que me perdonen los lobos por tal comparación. Pero cometieron el fallo de olvidar su causa si es que existía, o quizás fue ella misma la que se les puso en contra. El cazador les enseñó que podía cogerlos sin escopetas, sólo con inteligencia y buenas trampas, así poco a poco les iba acotando el terreno. Se convirtieron en sicarios, representantes de una tierra que no les debía nada. Cuánto vasco se habrá aguantado la lengua, cuántas veces habrá tenido que mirar para otro lado, cuántas extorsiones a punta de pistola...

El vasco es un pueblo maltratado, por sus propios independistas y por la opinión pública más extremista. Se merecen la afirmación, de que allí hay gente buena y mala, como en todos lados. Y de pueblos en este tema, toca hablar de mi tierra, que es de la que algo entiendo. Olvidamos nuestra historia, por el bien de la democracia, podríamos haber escupido espuma por nuestras bocas, pero no lo hicimos. Por eso sé que somos de otra pasta, por eso cuando mataron a aquel matrimonio y los siguieron, los acorralaron y los pillaron, supe que éramos imparables. Cuando vi a aquel chaval, casi de mi edad, leer aquella carta, comprendí que ya no le daban miedo ni a los niños.

Me he enterado en Televisión Española. Miraba la pantalla, entre perplejo y emocionado, ya me lo esperaba hace tiempo, pero no lo lograba palpar en mi imaginación. Me han entrado ganas de salir a la calle y gritar, de respirar aires de libertad, como aquella canción. Pero sólo me he levantado, he cogido un vaso de agua y, mientras bebía se me ha dibujado una sonrisa de oreja a oreja. Es un día feliz, leguemos a nuestros hijos toda nuestra historia para que no se vuelva a repetir. No lo individualicemos, sería borreguil, esto es de todos. Españoles de mil mentalidades, de 50 provincias, de su casa y de su madre.

Y va por todos los que nunca dudaron, por aquellos setenteros "años del plomo", cuando buenas personas salían a la calle con una pistola enfundada, dejando a sus hijos en casa, en dirección hacia el Congreso, para luchar por igualdades sobre algún escaño. Por todas las fuerzas del Estado, por los que no taparon sus caras, por los que descansan en paz, porque murieron con la cabeza alta. Por todo lo que hemos aguantado, por las ganas que entraban de ir a comerse un bocadillo de jamón delante de De Juana Chaos...

Y así esos asesinos se han apagado, como una vela en un cementerio. Ya sólo les queda la conciencia, les acompañará en la sombra. Porque la conciencia es la peor compañera, el peor verdugo de un humano, los consumirá como a árboles podridos. Espero que cada noche, cada vez que apaguen las luces, les entre un frío seco en el gaznate, y que todo lo que sueñen sólo sean pesadillas. Que la sociedad les conteste con el mayor guantazo, el silencio y la indiferencia, la misma que llevan muchos años dándonos. AGUR.

domingo, 9 de octubre de 2011

A mis 25 primaveras.

Este fin de semana he marcado un cuarto de siglo en mi casillero temporal o, lo que es lo mismo, ya tengo 25 años con los que presumir de prematuras canas y tardía madurez. Tras una feria en la que los turreros/as presumimos de las losas que cambiamos de un lugar para otro del pueblo, curiosa afición la nuestra. Tras una lección de chovinismo avanzado, en la que escuchamos a la gente de fronteras fluviales para afuera comparar nuestras fiestas con una moderna Gomorra. Tras todo eso que no es poco, la realidad me trae de nuevo a mis tiernas tierras de la baja Andalucía.

Y de andaluces es mucho lo que prima decir de la actualidad. Aquí abajo los que se quedan con la primera impresión, nos empachan y empapan en demasía con el recurrente tópico que les gusta tanto a los políticos, la llamada paridad. Será porque en términos poéticos Andalucía representa mejor que nadie la tristeza y la alegría, llevado al manido extremo, como si todo lo que nos corre por las venas fuese la eterna lucha entre dos partes. Como cuando el sol que nos tuesta todo el año discute con la sombra celosa, que le reclama cada día el privilegio de refrescarnos y olé.

De dos partes quizás, válgame la incomprensión, sea nuestra nación o nuestro popurrí de naciones, como a mí me gusta llamarlo. Ayer escuchaba a don Mariano saberse ganador y a don Alfredo, saberse vencido. Pero eso no me sorprende, quizás el regalo de cumpleaños que no me esperaba por parte de esta sociedad, es que nadie lo ve anormal. Vivimos en aquello que nuestros profesores nos repetían muchas mañanas de invierno, sin que nos entrara en la cabeza, que a veces ni con sangre entra la letra, una partitocracia o un oxidado turnismo. Este es el país que hemos construido con muy buena fe pero muy mal seso, la eterna disputa entre dos, la de los toros y la antitaurina, la culé y la merengue, la católica y la atea, la roja y la facha... Y a mis 25 primaveras cuando aún me siento un niño, a mí ya sólo me extraña el mirarme al espejo cada mañana y no reconocerme al otro lado.

jueves, 12 de mayo de 2011

Son cosas de antes.

Ayer leía en mi cuenta de Facebook un comentario sobre un movimiento de tierra en Turre, alguien muy perspicaz contestaba con la ingeniosa réplica que, todo hay que decirlo, a más de uno y de dos se nos ocurre por aquellos lares cada vez que se mueven un poco más de lo normal las tierras del pueblo: Ha sido un Turremoto... En fin, tuvo su gracia hasta que me enteré dos minutos después que había muertos, heridos y miles de afectados. Sin duda quien lo escribía tampoco sabía de la gravedad del asunto, por lo tanto solo queda para la anécdota.

Pero lo que no quedará para el anecdotario, con seguridad caerá en saco roto, es mi siguiente reflexión. ¿De verdad nadie se lo esperaba? ¿de verdad nadie lo había pensado nunca? y, por último, ¿de verdad alguien se ha sorprendido?

Muy de las esquinas tertulianas de las calles de mi añorado pueblo es la frase: "Son cosas de antes", con la que se justifica casi todo lo que se presupone antagónico o desgastado, todo lo que no entra en la razón de cualquier mente joven (sin ánimo de diferencias generacionales, que se puede ser bien mayor y muy joven de espíritu). Esas cosas de antes son las que no cambian con los años, aunque creamos que sí parecen estar solucionadas y, cuando ocurren, cuando salen a relucir de nuevo, solo nos queda la frasecita de marras para poder levar anclas y salir del apuro.

La realidad es muy simple, no avanzamos. Vivimos en una de las zonas sísmicas más peligrosas de Europa, metemos nuestros bañadores de marca en una falla que, si quisiera, provocaría más disturbios que la raja de la falda de aquellos noventeros Estopa, y nos da igual. Nuestros políticos que hasta hace dos atardeceres asfixiaban nuestras cuentas de redes sociales con peticiones de amistad, hacia gente con la que no han cruzado palabra en sus vidas pese a vivir a metros unos de otros. Esos mismos que venden tener la llave anticrisis, el bienestar de ser un nuevo Pablo Iglesias, un nuevo Suárez o Cánovas del Castillo, yo que sé, el nuevo Rasputín liberador de ataduras, ideólogos de la vanguardia social, hoy suspenden sus campañas con pretexto del dolor que provoca la catástrofe, pero quizás sea para evitar la incómodas preguntas de mi reflexión, quizás para pensar una respuesta mejor, para no perder puntos de cara a las elecciones.

Esa respuesta que es casi quimera está clara y es el ya citado eufemismo, yo soy amigo de la palabra pero creo que en este caso la imagen con la que cierro es más clara que todo lo que se pueda decir en discursos o parlamentos, en sesiones plenarias excepcionales. Esta foto podría estar en blanco y negro o sepia, podría estar mancillada por los años, quizás manchada por algo de café o distorsionada por cierta exposición a la humedad en cualquier mueble o cajón perdido. Podría haberse tomado en 1910, en los años 20, en el 38, en el 45 o en 1958 pero no, fue tomada ayer, 11 de mayo de 2011 (maldito 11, por cierto) y con una lujosa cámara HD de un anónimo reportero de una anónima agencia de prensa. Y la única justificación que tiene es: SON COSAS DE ANTES.


sábado, 19 de febrero de 2011

La Luna vino a la Fragua.

Siempre me he fijado en que hay cosas que vuelven por sí solas, sin esperarlas, como la paloma mensajera que conoce al dedillo la ruta para regresar al hogar, o el agua ya posada en las calles, que se vuelve una tierna neblina para hacerse lluvia de nuevo al cabo de unas horas, como si no quisiera dejar de caer.

Hoy estaba enfadado, cabreado conmigo mismo, me he pasado la mañana entera durmiendo y hacía tiempo que ni se me ocurría, así que me he levantado insultándome al espejo, mi reflejo y yo éramos dos púgiles en la toma de pesos antes del combate. Para flagelarme aún más, he decido ponerme los bártulos de deporte y salir a correr por la Torre del Oro.

Después de hacer el intento durante unos pocos kilómetros, mis piernas me han advertido que tenían bastante y le han informado al sudoroso cerebro que era hora de ir a ducharse. He decidido volver a mi casa andando junto a la orilla de río. Hacía una buena temperatura y al cruzar el puente muchos enamorados buscaban el calor del sol, a modo de resaca pastelera del día de San Valentín.

La brisa marinera de interior rozaba el rostro y abría los poros. Un par de abuelos con visera sentados en sillas plegables de madera, observaban atentos el jugar de sus nietos y una mesa con porte endeble, debido a su posición sobre la calle empedrada, separaba la descansada silueta de sus viejos cuerpos. Junto a la sombra de un naranjo he tomado sitio para estirar mis oxidadas articulaciones. Uno de los niños portaba un pequeño y conseguido tambor amarrado en la graciosa barriga, mientras dejaba que su compañero de fechorías posara, con mucha fe pero sin absoluto compás, la baqueta sobre el pellejo. Sus caras rosadas demostraban el divertido esfuerzo de una tarde ajetreada de niñez.

-Pepito, ¿dónde vas con la caja chiquillo? ¿vas a salir en semana santa con ella?- Le ha preguntado uno de los sombrereados al chicuco.
-¡Qué va! Yo soy carnavalero como mi abuelo...- Replicaba el niño, sin dejar de mirar el instrumento, mordiéndose los labios con cara de suma concentración, con una seriedad que hacía bastante gracia.

El orgulloso abuelo que no dejaba de mirarlo, ha sentado los nudillos en la mesa y se ha puesto a recitar aquello tan lorquiano de: "La luna vino a la fragua, con su polisón de nardos..." Y el soniquete me ha recordado algo que no escuchaba desde mi más tierna niñez. Así me ha venido la felicidad hoy, cuando menos la esperaba y me ha devuelto para Triana más contento que unas pascuas, mañana será otro Domingo más, con sus pequeñas sorpresas para seguir saboreando el constante pasar la vida.


La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos
el niño la mira mira
el niño la mira mira
el niño la está mirando.

Niño mira qué te traigo
un martillito de plata
luna no quiero martillo,
luna no quiero martillo
dale un duende a mi garganta.
Y la luna se lo dio, bendita sea
y el chiquillo se durmió, ea la ea.

Duende,
pa tu garganta los duendes, 
duendes
"pal" corazón del gitano
yunque, clavos y alcayatas.

Muerte, 
¿qué vienes buscando muerte?
Deja tranquilo al hermano,
déjalo no seas ingrata.

Hoy la fragua huele a muerte
y a tu tumba otra vez vengo
ya sé que no puedo verte
vengo a partirme la camisita que tengo.


 

sábado, 12 de febrero de 2011

Anoche tuve visita...

Yo, que soy de pueblo arraigado en costumbres, siempre peco en verle la cara fantástica a las cosas. Me fijo en  los pequeños detalles y les doy demasiada importancia, pura supervivencia de la simpleza en mi mente o cruda banalidad en pequeñas raciones. Ayer pasé por uno de estos trances, y obtuve respuesta a una pregunta que llevaba haciéndome desde que desperté por la mañana. Para poner en situación, diré que mi madre es muy aficionada a contar que suele tener visitas fantasmagóricas por las noches que la advierten de cualquier cosa que pueda pasar y, como toda madre, las predicciones de su sexto sentido son de una exactitud científica al nivel de la mismísima NASA, muy a tener en cuenta.

El portazo del vecino me sacó de aquel sueño tan interesante y que jamás volveré a recordar. El reloj marcaría las ocho si no estuviera sin pilas, pero el teléfono móvil me sacó de dudas, dos horas antes de lo debido ya estaba con los ojos bien abiertos y los pies dentro de las zapatillas. Siempre he odiado preparar café, es una manía que tengo, es como robarle la red inalámbrica a alguien de tu vecindario, se cae cuando más la necesitas y funciona demasiado bien a horas intempestivas. Tras una feroz batalla con aquella máquina metálica del mal llamada cafetera, decidí rendirme y bajar a desayunar al bar de la esquina.

La camarera no paraba de mirarme con cara extraña, quizás le molestaba mi insistencia en la leche fría en mi dosis de café cortado cual drogadicto mañanero. Al servirme las tostadas se quedó mirándome y me dijo que le sonaba mi cara, que si yo no era el novio de su sobrina. "Pues mire señora, yo soy de Almería." "Será eso." Los andaluces justificamos nuestras respuestas con zonas geográficas, siempre me ha parecido curioso. Tras unas siete miradas sospechosas y unas tostadas deliciosas, salí de aquel lugar con la mente turbada y el estómago lleno. Había sido un desayuno totalmente metafísico, para esa señora yo era otra persona pese a ser yo mismo, o no. Mejor dejarlo estar.

Ya dentro del metro, en los últimos días los vagones entre túneles me han servido para alcanzar niveles creativos inesperados, a la par que absurdos. Me acomodé en uno de los asientos de plástico y, bolígrafo en mano, escribí esta frase en mi bloc: "Quien cree saber más de ti que tú mismo, obvia la dificultad de conocerse realmente como persona" o eso, o padece de doble personalidad pensé en tono burlón.

Pasó el largo y soleado día. Tras rechazar un par de ofertas no menos que suculentas, sobre salir a quemar el viernes y ahogar las penas entre alcohol y faldas, decidí algo más propicio para mi vejez prematura, leer para poder dormir. "El arma de los invisibles" me está enamorando como obra literaria y la recomiendo. Como un angelito quedé sumido en un incorpóreo sueño, tan buena fue mi interpretación que yo, emulando a mi madre, he de reconocer que tuve visita. Noté una mano helada en mi clavícula y quedé petrificado, pensé que eso no podía pasarme a mí que soy más susceptible que Iker Jiménez en un cementerio de mascotas, pero esa mano seguía ahí apoyada. Abrí los ojos con bastante miedo y vi una figura oscura, de pie junto a la cama y con una larga mata de pelo rizado...

Era mi hermana, ella sí eligió salir anoche y cuando llegó, en su realidad aderezada con ron cubano, pensó que yo estaba muerto y que había que tomarme el pulso para comprobarlo. El mareo que traía ni siquiera la llevó a pensar que podía estar felizmente dormido o, al menos, que no respiraba bien por mi posición sobre la cama. No, o vivo o muerto, casi me mata de verdad pero por el susto que me pegó. Esto es lo que pasa por pensar que uno sabe más de otra persona que él mismo, eso o que quizás el otro sea de Almería... ;-)

viernes, 28 de enero de 2011

Las lagunas de mi memoria.

El leve crepitar de la hoguera en una tarde de Noviembre, entre aquellas tiznadas paredes con los ojos irritados y la sangre en las mejillas, a eso me refiero. A las risas entre adivinanzas mientras encordaban el embutido para el año, ¿qué tendrá el rey en la panza que aún no lo he descubierto? Juegos de cartas y las batallas de mi abuelo con su carro por tierras andaluzas, el cigarro que le encendió a aquel guardia civil con la carga llena de estraperlo. Dicen que solo somos libres cuando no hay nada más que perder y es cierto, cuando solo nos quedan los recuerdos, las sensaciones de conocer el sabor de la memoria, entonces sentimos la verdadera libertad. 

Las conversaciones en la puerta de mi vecina, el pan duro en aquellas bolsas, casi sacos de papel acartonado, y las montañas de grava en los partidos donde me daba por ponerme los guantes de portero y hacerle un par de agujeros más a las rodilleras, mil veces remendadas por los dedos trabajados de mi madre. Los bocados de mi prima, las chucherías por las tardes de catequesis, los veinte duros y el portal de mi abuela, con los vecinos, contándome las cosas de antes y escuchando la historia viva de mi pueblo, tatuándola para siempre entre ceja y ceja.

Veranos de escapadas a la piscina, idas y venidas a un país al que le tengo tanto cariño como odio. El huerto de mi tío y aquella escopeta de balines con la que intentábamos pillar lagartijas, jamás cogí ninguna, pero en el fondo me alegraba ver que eran más rápidas que yo. Y bajar con la bicicleta por aquella cuesta sin tráfico, donde te creías mejor que Indurain, un halcón cayendo en picado hacia un golpe inevitable... Pero éramos de goma, nos levantábamos de nuevo y a buscar otra aventura, otra fechoría, como aquellas tablas que nos encontramos y con las que nos deslizábamos calle abajo, provocando millones de chispas o eso pensábamos, ahora mismo no me tiraría ni cobrando.

Y disfrutar, de la familia, de los amigos y también de los enemigos, por qué no decirlo, de esos que un día fueron una cosa y ahora son otra, de los nuevos y de los que aún no existen pero llegarán, de nosotros mismos y de los que ya no están, pero que siempre serán en el recuerdo. Es fácil de explicar la historia de cada individuo, es como un olor familiar en un sitio extraño, una sorpresa inesperada de la anárquica libertad de su imaginación que, de repente, bebe y se emborracha de las vivencias de toda una vida, y lo transporta a otro mundo pasado pero latente, tan sencillo como eso.


"Solo recuerdo la emoción de las cosas

y se me olvida todo lo demás;

grandes son las lagunas de mi memoria."
                                                                                 
                                                                                       Antonio Machado.

martes, 2 de noviembre de 2010

Parrafada.

Desde pequeño siempre que tengo una conversación veo las palabras en mi mente escritas, es una manía que se parece a una especie de sinestesia personal que me hace bastante ilusión, no me gustaría ver mi nombre junto a un síndrome en una revista de medicina, pero sí que he de reconocer que soy una especie de sibarita de las letras. Odio los fallos ortográficos hasta el punto de escribir mis mensajes de texto en el móvil con tildes, aunque me he tenido que acostumbrar a abreviar porque si no mis facturas serían demasiado costosas. 

No veo nada malo en ser perfeccionista en este sentido, pero hoy día con la sopa de prisas y nuevas tecnologías que existe es difícil sobrevivir sin tirarse de los pelos viendo ciertas cosas, un ejemplo que siempre digo es que no sé dónde está el parecido entre "a ver" y "haber", tierra trágame... Ayer me pasó una cosa curiosa, tuve que usar mi portátil viejo que, a parte de ir a carbón, tiene parte de sus teclas rotas entre ellas la del ENTER. Como la droga de la escritura llamaba a la puerta con insistencia, tuve que escribir esto: 

Mi manera de leer la vida tiene demasiado que ver con las letras, con la escritura. La biografía de una persona se puede escribir en un párrafo, formado por palabras que representan toda su historia: nombres de personas, sensaciones, anécdotas... cada una con un significado distinto, inigualable e incomparable, cada una con una acentuación distinta, inolvidable e inexplicable. Nuestro carácter son símbolos entre letras, las comillas la ironía, las interrogaciones las inseguridades y las exclamaciones la felicidad. Cada etapa estaría separada por los puntos, todos esos cambios que se sufren, todos esos fallos de los que se aprende son organizadores puntos en nuestra existencia. La diferencia entre MAYÚSCULAS y minúsculas simplemente expondría la importancia que ha tenido algo en nuestra memoria, desde una canción de la juventud, pasando por el llanto de un hijo o la risa de un nieto. Y todo deriva en lo más sensible de este párrafo, que son mis admiradas comas, las damas de la escritura son curvas casi poéticas, con la importante labor de legarnos todos esos suspiros que nos dejan sin respiración, que al final es lo que importa. Esta es mi pequeña visión de la vida, en un solo párrafo, y la moraleja es que hay que disfrutarla porque punto y final, no hay nada más que uno.

lunes, 5 de julio de 2010

Gracioso puzzle

Esto lo escribí una noche que pasaba por mi querida Granada hace ya bastantes años, me quedé a dormir en el piso de mi hermana, no era mi mejor época y como siempre pues me da por escribir para expresarme, lo leí ayer después de mucho, demasiado tiempo, y me viene bien para hablar del orgullo gay, aunque no soy fan de esas exaltaciones porque no creo que sean buenas para la propia igualdad, ya que esta se basa en publicar la normalidad y no lo "especial", en fin, para un mujeriego como yo es raro leerse hablando de estas cosas, pero bueno, la imaginación es muy caprichosa...

"Tiene gracia, el insomnio te enseña cosas que son inverosímiles cualquier día por la mañana. Asomado en la terraza observas, la noche es fría, miras la calle, las farolas, los coches aparcados, todo está vacío a estas horas, el único movimiento es el de algún gato que salta de contenedor en contenedor, buscando algún resto perdido que haya dejado el camión. 

Sólo estás fumando un cigarro dices, ahora me acuesto y mañana será otro día, sabes que eso es imposible, las noches en vela ofrecen el encanto de poder tener una percepción distinta del mundo que te rodea, la tranquilidad en el ambiente hace que la soledad, en estos casos, sea la mejor compañera. De repente, algo rompe la paz ahí abajo, escuchas unos pasos y murmullos, se acerca alguien, dos figuras al final de la calle, sientes curiosidad y puedes mirar con tranquilidad, la altura de tu posición te lo permite, te da seguridad. 

Se acercan, son dos mujeres, el sonido de los tacones es inconfundible, delatador, se paran, parecen jóvenes, una es más alta que la otra, no puedes describir nada más, no dejan de ser dos sombras en la oscuridad, ahí abajo está todo demasiado negro, un momento, pero qué..., de repente, te ves sorprendido con algo que no esperabas, algo raro, fuera de lo normal y que rompe la paz nocturna que se respiraba. 

No puede ser, miras bien lo que está pasando, se besan, así, como que no quiere la cosa, se besan, y a ti se te eriza el pelo al ver tal estampa, no te lo esperabas, sólo es eso, tú estabas con tu cigarro tranquilo y pensabas que ibas a escuchar una conversación, una despedida o la monótona escena de verlas pasar, Pero no, se tenían que besar, y ellas, es evidente, siguen a lo suyo, sin imaginarse que tienen tal espectador en un palco casi de lujo, y lo están haciendo con pasión en la acera de enfrente, a escasos metros de ti.

Lo primero que te viene a la cabeza es "¡Dios mío, cómo está el mundo de loco!", incluso te avergüenzas, casi te indignas, pero sigues mirando, no pierdes detalle, observas que se cogen de la mano, que se acarician las caras, que se abrazan y se intentan unir la una junto a la otra al máximo, después vuelven a juntar los labios. Entonces, en ese pequeño instante, en esos dos segundos, te vuelves a avergonzar, pero esta vez de ti mismo, echas la cara a un lado y das un paso hacia atrás. 

¿Cómo has podido mirar con tal descaro un momento tan íntimo, tan personal? Vuelves a escuchar pasos y ves que se marchan calle arriba, esta vez cogidas de la mano, y te das cuenta que no era ninguna locura, que el mundo no necesitaba ninguna terapia psiquiátrica ni mucho menos. Ante tus ojos, has tenido el privilegio de poder ver pasar la belleza del amor, y no hay cosa más natural en este cuerdo planeta que este instante que acabas de admirar y es que, la naturalidad, pura y simple, es demasiado bella.

Sigue teniendo mucha gracia, desde luego, nunca me había parado a pensar lo sencillas que somos las personas, pese a haber evolucionado tanto, el hombre, sigue guiándose por el instinto y si éste le dice que algo es antinatural esa es la primera impresión que va a tener, quiera o no quiera, es algo dictatorial y que viene completamente de fábrica, aunque también supongo que algo de culpa deben tener la sociedad en la que vivimos y la educación que se nos ha dado. 

Parece todo demasiado triste, demasiado fácil, ¿así que todo se resume a eso?, ¿instinto?, por supuesto que no, para algo existe la capacidad de reflexionar, de rectificar y ver las cosas desde el punto de vista de la razón. Hace unos años en este mismo país a esas dos pobres chiquillas, en el mejor de los casos, se las hubiera encerrado casi sin preguntar y se hubiera tirado la llave al río, por brujas se hubiera dicho, suena hipócrita, casi cómico, menos mal que la sociedad evoluciona y hoy día la única impresión que produce esta anécdota es la que yo sufrí en mis propias carnes, la simple duda que me produjo mi instinto, tan primario y estúpido, y el que diga que no, miente. 

Ya lo dijo Oscar Wilde: "Hablan mucho de la belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer es muy monótono, la duda es apasionante." Por eso es mejor no estar nunca seguro de nada, a veces es bueno admitir que el blanco no es blanco, todo depende de la percepción de cada uno, ya que cada persona tiene una y, de esa manera crea su propia realidad. Desde siempre me han enseñado que la primera impresión no es la que cuenta sino la segunda que es la que demuestra.

Y quién sabe, quizás dentro de unos años, que dos mujeres, que dos hombres o yo que sé, que un loro y un papagayo se besen en mitad de la calle se verá como la cosa más normal del mundo, como que los perros ladren o los gatos maullen, ese día la duda ya no existirá, se habrá esfumado como por arte de magia, y será un claro ejemplo que demuestre que este mundo tiene la cabeza en su sitio y que, como un puzzle interminable, siempre tiene una pieza más que colocar, nunca se acaba y poco a poco, con el tiempo y la paciencia, todo encaja."



sábado, 20 de marzo de 2010

Caricatura Interior.

Cuando me miro al espejo me rio, el otro día leí en algún sitio una frase de David Trueba que me encantó, no recuerdo exactamente dónde fue pero bueno, conociendo mi continuo desorden de memoria supongo que me podría inventar mil y un lugares o situaciones distintas y no dar con la clave, es lo que tiene tener muy poca vergüenza. El caso es que me la apunté y hoy, revisando la revista Esquire (muy recomendable, Tom Ford se sale este mes) me la he encontrado pegada en un post-it, es muy buena, atentos/as:

"A veces pienso que el cerebro tiene envidia del corazón. Y lo maltrata y lo ridiculiza y le niega lo que anhela y lo trata como si fuera un pie o un hígado. Y en ese enfrentamiento, en esa batalla, siempre pierde el dueño de ambos." Da mucho que pensar, se podrían rellenar páginas enteras filosofando sobre vivencias y parrafadas soporíferas sobre experiencias sociales, pero es mucho más divertido individualizarla y, como no tengo a mano a nadie mejor, hoy me toca a mí porque me apetece.

Yo creo que mi cerebro no le tiene nada de envidia a mi corazón de hecho creo que se aman, seguramente por mi egocentrismo arraigado, no soy nada del otro mundo pero me gusta llamar la atención, por eso mismo tengo un blog. En una cosa sí coincido, la lucha entre ambos debe de ser una gran guerra, pero de palabras, porque en cuanto a ser pesado nadie me gana y, por qué no, rodeada de alguna copa que otra, y es que la embriaguez me ayuda a socializarme, no es que sea un borracho pero gusto de protagonizar tertulias con un incentivo alcohólico en sangre, simplemente para no tomarme nada en serio o para tener una réplica cuyo sentido dependa de la cantidad ingerida, por lo tanto tratarte como a mi hígado debe ser alta traición en el mundo anatómico.

En cuanto a mis pies no es que no me gusten, los odio, los pondría en adopción si pudiera, tengo el dedo gordo más corto que los demás, al parecer eso es señal de emperadores, pero yo lo veo más como una mala pasada de los genes. Soy bajito y tiendo a la gordura si no me controlo, tengo ojeras de capo de la mafia y mis manos son pequeñas y rechonchas, con lo que me gustan a mi los pianos... Perezoso y soñador, admirador de mitos acabados y con cierto toque de saberlo todo y tener siempre razón que debe de ser desesperante. Suelo poner de los nervios, sobre todo al género femenino, no puedo evitarlo, mi barba crece a ratos, no me llega el bigote a la perilla y, en cambio, mi pelo solo crece para arriba.

Tengo un ojo que va solo como si de un vals satánico se tratara y soy un orgulloso, dicen que eso no es malo pero también dicen que Elvis sigue vivo. Estoy siempre nervioso y me ahogo en un vaso de agua, soy un desastre con las fechas y olvido llamar a la gente, hasta a mi madre. Me enfado y desenfado por momentos y seguramente tendré canas con treinta años porque al igual que con los pies la evolución lo ha querido así, soy tan moreno que en el médico me preguntan de qué país vengo y no me gusta el café caliente ni las duchas cortas, soy así de débil.

Ya lo dije soy un egocéntrico, de tanto hablar de mí me doy cuenta de que soy alguien más, con mil problemas y muy pocas virtudes para resolverlos, con muchos vicios y sin capacidad para reaccionar. Puedo ponerme a dieta, dejar de hablar tanto, usar botas o ponerme gafas, tocar el piano, leer a Jean Paul Sartre o intentar beber café caliente, pero mi corazón y mi cerebro seguirán peleándose en mi interior, así que como terminaré perdiendo prefiero mirarme al espejo y sencillamente, reírme de mí mismo.



 
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