jueves, 12 de mayo de 2011

Son cosas de antes.

Ayer leía en mi cuenta de Facebook un comentario sobre un movimiento de tierra en Turre, alguien muy perspicaz contestaba con la ingeniosa réplica que, todo hay que decirlo, a más de uno y de dos se nos ocurre por aquellos lares cada vez que se mueven un poco más de lo normal las tierras del pueblo: Ha sido un Turremoto... En fin, tuvo su gracia hasta que me enteré dos minutos después que había muertos, heridos y miles de afectados. Sin duda quien lo escribía tampoco sabía de la gravedad del asunto, por lo tanto solo queda para la anécdota.

Pero lo que no quedará para el anecdotario, con seguridad caerá en saco roto, es mi siguiente reflexión. ¿De verdad nadie se lo esperaba? ¿de verdad nadie lo había pensado nunca? y, por último, ¿de verdad alguien se ha sorprendido?

Muy de las esquinas tertulianas de las calles de mi añorado pueblo es la frase: "Son cosas de antes", con la que se justifica casi todo lo que se presupone antagónico o desgastado, todo lo que no entra en la razón de cualquier mente joven (sin ánimo de diferencias generacionales, que se puede ser bien mayor y muy joven de espíritu). Esas cosas de antes son las que no cambian con los años, aunque creamos que sí parecen estar solucionadas y, cuando ocurren, cuando salen a relucir de nuevo, solo nos queda la frasecita de marras para poder levar anclas y salir del apuro.

La realidad es muy simple, no avanzamos. Vivimos en una de las zonas sísmicas más peligrosas de Europa, metemos nuestros bañadores de marca en una falla que, si quisiera, provocaría más disturbios que la raja de la falda de aquellos noventeros Estopa, y nos da igual. Nuestros políticos que hasta hace dos atardeceres asfixiaban nuestras cuentas de redes sociales con peticiones de amistad, hacia gente con la que no han cruzado palabra en sus vidas pese a vivir a metros unos de otros. Esos mismos que venden tener la llave anticrisis, el bienestar de ser un nuevo Pablo Iglesias, un nuevo Suárez o Cánovas del Castillo, yo que sé, el nuevo Rasputín liberador de ataduras, ideólogos de la vanguardia social, hoy suspenden sus campañas con pretexto del dolor que provoca la catástrofe, pero quizás sea para evitar la incómodas preguntas de mi reflexión, quizás para pensar una respuesta mejor, para no perder puntos de cara a las elecciones.

Esa respuesta que es casi quimera está clara y es el ya citado eufemismo, yo soy amigo de la palabra pero creo que en este caso la imagen con la que cierro es más clara que todo lo que se pueda decir en discursos o parlamentos, en sesiones plenarias excepcionales. Esta foto podría estar en blanco y negro o sepia, podría estar mancillada por los años, quizás manchada por algo de café o distorsionada por cierta exposición a la humedad en cualquier mueble o cajón perdido. Podría haberse tomado en 1910, en los años 20, en el 38, en el 45 o en 1958 pero no, fue tomada ayer, 11 de mayo de 2011 (maldito 11, por cierto) y con una lujosa cámara HD de un anónimo reportero de una anónima agencia de prensa. Y la única justificación que tiene es: SON COSAS DE ANTES.


 
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