jueves, 25 de noviembre de 2010

NO AL MALTRATO.

-¿Dónde estoy? ¿Quién eres?-
-Acompáñame, vamos a dar un repaso, tranquilo esto va a ser rápido. Mírate de pequeño, eras feliz, un niño más con una vida bastante cómoda, un buen colegio, buenas ropas, dinero para bocadillos y muchos juguetes. En el instituto ya rondabas chicas, parece que tenías éxito con ellas, los chulos siempre han sido bastante atractivos para las jovencitas. Este es vuestro primer beso, la imagen es bella pero te pudo el ego, no soportabas que nadie la mirara, que nadie fuera más que tú, ni tan siquiera ella. Mira, tu primer guantazo, pocos meses antes de tu boda, bonita celebración estaba muy guapa con ese vestido blanco. La primera paliza, otro gran recuerdo, por no calentar bien las lentejas, qué cómodo es llegar a casa después de ver un partido de fútbol y partirle los dientes. Moratones y cejas partidas, en honor de las lágrimas de tus niños y brindadas con una copa de whisky. Se acabaron las sonrisas, tu casa olía a miedo y hoy te has pasado, encima no has sido capaz ni de confesar, te has pegado un tiro al lado de su cadáver y te atreves a preguntar quién soy.
-Espera. ¿Dónde vas? No me puedes dejar aquí solo-
-Este es tu castigo, toda una eternidad pensando en lo que has hecho con su vida, por creerla una esclava ante tus ojos, ahora serás tú el esclavo del tiempo y de tu propia conciencia.

-¿Dónde estoy? ¿Quién eres?.-
-Tranquila, ya ha pasado todo.

¡Salud!

Apenas tenía seis años y aún no la llevaban al campo. Era por el tiempo de la siega, con un calor grande, abrasador, sobre los senderos. La dejaban en casa, cerrada con llave, y le decían:
-Que seas buena, que no alborotes: y si algo te pasara, asómate a la ventana y llama a doña Clementina.
Ella decía que sí con la cabeza. Pero nunca le ocurría nada, y se pasaba el día sentada al borde de la ventana, jugando con "Pipa".
Doña Clementina la veía desde el huertecillo. Sus casas estaban pegadas la una a la otra, aunque la de doña Clementina era mucho más grande, y tenía, además, un huerto con un peral y dos ciruelos. Al otro lado del muro se abría la ventanuco tras la cual la niña se sentaba siempre. A veces, doña Clementina levantaba los ojos de su costura y la miraba.
-¿Qué haces, niña?
La niña tenía la carita delgada, pálida, entre las flacas trenzas de un negro mate.
-Juego con "Pipa" -decía.
Doña Clementina seguía cosiendo y no volvía a pensar en la niña. Luego, poco a poco, fue escuchando aquel raro parloteo que le llegaba de lo alto, a través de las ramas del peral. En su ventana, la pequeña de los Mediavilla se pasaba el día hablando, al parecer, con alguien.
-¿Con quién hablas, tú?
-Con "Pipa".
Doña Clementina, día a día, se llenó de una curiosidad leve, tierna, por la niña y por "Pipa". Doña Clementina estaba casada con don Leoncio, el médico. Don Leoncio era un hombre adusto y dado al vino, que se pasaba el día renegando de la aldea y de sus habitantes. No tenían hijos y doña Clementina estaba ya hecha a su soledad. En un principio, apenas pensaba en aquella criatura, también solitaria, que se sentaba al alféizar de la ventana. Por piedad la miraba de cuando en cuando y se aseguraba de que nada malo le ocurría. La mujer Mediavilla se lo pidió:
-Doña Clementina, ya que usted cose en el huerto por las tardes, ¿querrá echar de cuando en cuando una mirada a la ventana, por si le pasara algo a la niña? Sabe usted, es aún pequeña para llevarla a los pagos...
-Sí, mujer, nada me cuesta. Marcha sin cuidado...
Luego, poco a poco, la niña de los Mediavilla y su charloteo ininteligible, allá arriba, fueron metiéndosela pecho adentro.
-Cuando acaben con las tareas del campo y la niña vuelva a jugar en la calle, la echaré a faltar -se decía.
(Ana María Matute, LA RAMA SECA.)


Esto no lo he escrito yo, ojalá, lo escribió la nueva premio Cervantes, un galardón que por ley no puede quedar desierto ni darse a título póstumo y ya era hora, la reina de la descripción en la lengua española llevaba ya mucho tiempo esperándolo y mereciéndolo. En un mundo aún tan machista como las letras estas cosas alegran a los que no entendemos de géneros, en ningún ámbito de la vida. Felicidades a ella y gracias a vosotros/as por las más de tres mil visitas a este blog. Correrá vino a vuestra salud, un abrazo.
 
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