domingo, 9 de octubre de 2011

A mis 25 primaveras.

Este fin de semana he marcado un cuarto de siglo en mi casillero temporal o, lo que es lo mismo, ya tengo 25 años con los que presumir de prematuras canas y tardía madurez. Tras una feria en la que los turreros/as presumimos de las losas que cambiamos de un lugar para otro del pueblo, curiosa afición la nuestra. Tras una lección de chovinismo avanzado, en la que escuchamos a la gente de fronteras fluviales para afuera comparar nuestras fiestas con una moderna Gomorra. Tras todo eso que no es poco, la realidad me trae de nuevo a mis tiernas tierras de la baja Andalucía.

Y de andaluces es mucho lo que prima decir de la actualidad. Aquí abajo los que se quedan con la primera impresión, nos empachan y empapan en demasía con el recurrente tópico que les gusta tanto a los políticos, la llamada paridad. Será porque en términos poéticos Andalucía representa mejor que nadie la tristeza y la alegría, llevado al manido extremo, como si todo lo que nos corre por las venas fuese la eterna lucha entre dos partes. Como cuando el sol que nos tuesta todo el año discute con la sombra celosa, que le reclama cada día el privilegio de refrescarnos y olé.

De dos partes quizás, válgame la incomprensión, sea nuestra nación o nuestro popurrí de naciones, como a mí me gusta llamarlo. Ayer escuchaba a don Mariano saberse ganador y a don Alfredo, saberse vencido. Pero eso no me sorprende, quizás el regalo de cumpleaños que no me esperaba por parte de esta sociedad, es que nadie lo ve anormal. Vivimos en aquello que nuestros profesores nos repetían muchas mañanas de invierno, sin que nos entrara en la cabeza, que a veces ni con sangre entra la letra, una partitocracia o un oxidado turnismo. Este es el país que hemos construido con muy buena fe pero muy mal seso, la eterna disputa entre dos, la de los toros y la antitaurina, la culé y la merengue, la católica y la atea, la roja y la facha... Y a mis 25 primaveras cuando aún me siento un niño, a mí ya sólo me extraña el mirarme al espejo cada mañana y no reconocerme al otro lado.

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