lunes, 31 de enero de 2011

Goodbye Paquito!

Han llovido ya tres décadas desde aquel 29 de Enero de 1981, Adolfo Suárez iba a formular una frase que cambiaría el destino de nuestro país: "Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España." Acababa de dimitir de la presidencia y, casi sin saberlo, había puesto el primer ladrillo de la democracia moderna en la nación. En menos de un mes Tejero y cuatro exaltados más intentaron desmantelar las intenciones del estado de bienestar, a base de tiros al techo del Congreso y llamadas telefónicas, no menos que cómicas desde el punto de vista del paso de los años. Fueron los últimos coletazos de una dictadura envejecida que llevaba 40 años deleitando al pueblo con opresión y autoritarismo. Por aquel entonces los porrazos en las universidades, las manifestaciones de sindicatos, los contenedores ardiendo en las calles y las salidas de tono de la derecha más extrema eran la moda en las noticias nacionales. Treinta años después es mucho tiempo, y se agranda aún más la figura de aquel presidente que supo estar el tiempo exacto, anteponiendo el Estado a su propia persona, ojalá aprendieran muchos de los políticos de hoy en día de este señor. Fuimos la apertura de Europa aunque no lo valoremos, la caida de las viejas y casposas dictaduras europeas del siglo XX, fuimos fuente de libertades, del sueño de la democracia en aquel año 81. Después vendría el muro de Berlín y la apertura al capitalismo, y después la putrefacción de la política nacional y europea pero aquel año, aquel momento, queda para la historia de España y para los españoles. Suárez solía usar citas de nuestra cultura, de nuestros grandes escritores, y unos años antes en su elección utilizó a Machado para concluir, así lo haré yo:

 «Está el hoy abierto al mañana,
y el mañana al infinito.
Hombres de España:
Ni el pasado ha muerto
Ni está el mañana ni el ayer escritos.»



viernes, 28 de enero de 2011

Las lagunas de mi memoria.

El leve crepitar de la hoguera en una tarde de Noviembre, entre aquellas tiznadas paredes con los ojos irritados y la sangre en las mejillas, a eso me refiero. A las risas entre adivinanzas mientras encordaban el embutido para el año, ¿qué tendrá el rey en la panza que aún no lo he descubierto? Juegos de cartas y las batallas de mi abuelo con su carro por tierras andaluzas, el cigarro que le encendió a aquel guardia civil con la carga llena de estraperlo. Dicen que solo somos libres cuando no hay nada más que perder y es cierto, cuando solo nos quedan los recuerdos, las sensaciones de conocer el sabor de la memoria, entonces sentimos la verdadera libertad. 

Las conversaciones en la puerta de mi vecina, el pan duro en aquellas bolsas, casi sacos de papel acartonado, y las montañas de grava en los partidos donde me daba por ponerme los guantes de portero y hacerle un par de agujeros más a las rodilleras, mil veces remendadas por los dedos trabajados de mi madre. Los bocados de mi prima, las chucherías por las tardes de catequesis, los veinte duros y el portal de mi abuela, con los vecinos, contándome las cosas de antes y escuchando la historia viva de mi pueblo, tatuándola para siempre entre ceja y ceja.

Veranos de escapadas a la piscina, idas y venidas a un país al que le tengo tanto cariño como odio. El huerto de mi tío y aquella escopeta de balines con la que intentábamos pillar lagartijas, jamás cogí ninguna, pero en el fondo me alegraba ver que eran más rápidas que yo. Y bajar con la bicicleta por aquella cuesta sin tráfico, donde te creías mejor que Indurain, un halcón cayendo en picado hacia un golpe inevitable... Pero éramos de goma, nos levantábamos de nuevo y a buscar otra aventura, otra fechoría, como aquellas tablas que nos encontramos y con las que nos deslizábamos calle abajo, provocando millones de chispas o eso pensábamos, ahora mismo no me tiraría ni cobrando.

Y disfrutar, de la familia, de los amigos y también de los enemigos, por qué no decirlo, de esos que un día fueron una cosa y ahora son otra, de los nuevos y de los que aún no existen pero llegarán, de nosotros mismos y de los que ya no están, pero que siempre serán en el recuerdo. Es fácil de explicar la historia de cada individuo, es como un olor familiar en un sitio extraño, una sorpresa inesperada de la anárquica libertad de su imaginación que, de repente, bebe y se emborracha de las vivencias de toda una vida, y lo transporta a otro mundo pasado pero latente, tan sencillo como eso.


"Solo recuerdo la emoción de las cosas

y se me olvida todo lo demás;

grandes son las lagunas de mi memoria."
                                                                                 
                                                                                       Antonio Machado.

sábado, 15 de enero de 2011

Ahumada Obviedad.

Es cuestión de costumbres, mirar por la ventana, analizar el entorno y salir al balcón para volverse contrariado. Sentarse en soledad a pensar y soñar con la imposivilidad, memorizar la incredulidad. Es solo eso, pura forma de ser, una calada del cerebro al cigarrillo del pensamiento. El autismo como afición, la personalidad enganchada en el perchero de la habitación contigua y la deshumanización de la mente. Esa canción sigue sonando, pese a que hace rato que se quedó atrás en el reproductor, esa idea sigue molestando, pese a que hace tiempo que se olvidó, como un disturbio constante en la hospitalaria soledad del pensamiento individual. Pasan minutos, quizás horas, observando el leve movimiento de la silueta del sol entrando por la persiana. El tiempo seguirá corriendo, la arena seguirá copando el cristal inferior del reloj, pero es solo un mero componente más de nuestra sociedad, una forma de dominar la existencia, de transportar las vivencias hasta el nivel del absurdo. Todo y nada en un rato, poco y más en un segundo. Es solo eso, cuestión de costumbres.

martes, 11 de enero de 2011

Esto no lo arregla ni Perry Manson.

Más heavy que el bueno de Ozzy se presenta este 2011, más estridente que la melodía de móvil del Rey. Esos viejos rockeros, que se jubilaban cuando les daba la gana, son hoy día una especie extinta. Hasta los 67 currelando y amanece que no es poco, dirá más de uno.
Deprimente situación actual, y urgente como un chupito para suplir las deficiencias económicas ante una borrachera inminente y deseada, la cual ya no puede ser aderezada ni con la leve calada de un pitillo, a la sombra de una barra infestada de espuma alcoholizada, que intenta esconder las cicatrices de una mala gestión. Las últimas comparecencias de nuestro presidente, me recuerdan a la interpretación de Homer Simpson del rey Salomón, comiéndose la tarta y matando a sindicatos y patronal a la vez. Es como una lucha épica de titanes hacia la inevitable derrota del sistema.
Mientras tanto a los encapuchados les da por recordar que siguen ahí en la sombra, esnifando pólvora, llorando la sangre avergonzada de sus propias víctimas y degustando un cóctel molotov en invernación constante. Una guerra fría que explotará tarde o temprano, como el poso del aceite cuando se mueve una botella tras mucho tiempo en la despensa.
Nos han engañado, no demuestran nada y mantienen su aburrido discurso de que todo sigue bien, sin subvenciones ni apoyo a los adultos del mañana y con deudas multimillonarias negociadas por y para entidades bancarias, que ya solo mantienen un logo bonito y mucha caspa en los viejos trajes caros. Así se presenta 2011, una autopista hacia el infierno de lo más heavy, sin punkies que quemen contenedores o protesten por protestar. Bienvenidos al inverosímil mundo de Perry Manson, al oscuro abismo de la miseria económica en pleno siglo XXI, acabáramos.
 
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