jueves, 7 de junio de 2012

El Genio de Sibenik.



"Hace unos meses mi hijo mayor Luka me preguntó cómo era mi vida cuando yo tenía su edad; su pregunta me hizo gracia.... 

A los dieciocho años en 1.986 acababa de firmar mi primer contrato profesional para jugar al baloncesto en mi país, Yugoslavia. Ese mismo año me llamaron para jugar en la selección nacional de Yugoslavia, ustedes quizás se acuerden; éramos yo, Toni Kukoc, Drazen Petrovic... En 1.988 ganamos la medalla de plata en los Juegos Olímpicos, dos años después ganamos el oro en el Mundial por delante de los soviéticos y Estados Unidos, era un equipo destinado a hacer historia pero, por desgracia, todo se desmoronó. 

Ya han pasado 20 años, y desde entonces llevo un gran peso en el corazón, pero antes de poder contarle a mi hijo toda la historia, tengo que mirar hacia atrás y recordar lo que le pasó a mi equipo, a mis amigos, a mis hermanos..."


Vlade Divac.




Así comienza un viaje espiritual hacia el pasado del que fuera jugador de Los Ángeles Lakers y, a modo de delicia documental, nos transporta a una de las páginas negras de la Historia europea. Aquellos maravillosos años en los que el Technicolor inundaba los salones, donde las envidiadas sonrisas blancas americanas demostraban el fuerte contraste que produce sentirse cima del planeta, se convirtieron en una época de salvajes cambios en un rincón del viejo continente. Se suele afirmar que el relato de un país se escribe con sangre y, de eso, quizás los antiguos yugoslavos sean los que más sepan...

Para quien conozca el contexto pero no el personaje permítanme presentárselo, Drazen Petrovic era su nombre, quizás el jugador de baloncesto más odiado y querido a la vez de todos los tiempos. De pequeño, en la pequeña localidad de Sibenik, el chico gustaba del deporte y la música, amante de la evasión se podría decir, pero llegó un momento desconocido de su vida en el que tuvo que elegir, los estadios le sedujeron más que los teatros, así de simple.

Se ganó múltiples apodos a lo largo de su carrera, pero el que mejor lo define es el de Mozart, introvertido en la vida, respiraba el juego cada minuto de cada hora del día, silencioso y tímido ansiaba en su interior la llegada del siguiente domingo, entrenando horas y horas durante la semana. "Sólo baloncesto, sólo baloncesto..." pensaba el joven Drazen mientras tiraba y tiraba un balón tras otro, depurando aquella picadura letal que tantos dolores de cabeza provocaría después. Disfrutaba de la soledad de la cancha vacía al alba, eso sólo lo conoce quien está llamado a triunfar.

En el partido era otra cosa, el director salía a pista y movía la batuta con energía, despeinado, desenfrenado, intolerante, sin físico alguno luchaba, corría, gritaba y no dudaba, ni en meterla delante de tu atónita cara ni en acordarse de tu bendita madre después, bueno, de la tuya y de la de las miles de almas que llenaban los estadios para no perder ni detalle. Levantaba los brazos, sudaba furia por cada uno de sus poros, miraba con cara de cazador paciente y la clavaba, parece fácil. Componía sinfonías sobre la marcha en un parquet desgastado de la vieja Yugoslavia, destronaba mitos en Europa y enseñaba al mundo el baloncesto que venía... Un adelantado a su época, un visionario del juego y poseedor de la mejor técnica vista nunca sobre una cancha europea.

Hoy se cumplían 19 años de su desgraciada muerte, el chico que se ganó el respeto de los all-stars americanos, el héroe endiosado por el mundo, se marchó de aquí abajo de la forma más terrenal posible; un coche, un camión y una carretera mojada. Por aquel entonces rozaba la treintena y venía de colocar a la comparsa histórica de los New Jersey Nets, en los playoffs de la NBA, pero su país ya no era el mismo y, la maldita política otra vez, le había separado de sus mejores amigos. Sólo allí en el Este saben de verdad lo que se sufrió en una guerra que duró más de una década, siempre la maldita política... 

Por mi parte es todo, poco más puedo añadir que no estropeara más el ambiente, pasen y vean, pónganse cómodos: Bienvenidos al mejor baloncesto de la historia...







viernes, 1 de junio de 2012

Magdaluna.

Bajaba la luna aquella mañana 
como quien baja calle empedrada, 
torpe y somnolienta ansiaba 
con mentirle a la mañana, 
que ya no tenía ganas
la luna llena de nada.
Bajaba la luna cansada, 
como quien canta una balada... 

Soñaba el sol con besarla, 
soñaba con encantarla, 
ansiaba el sol traicionero
sus curvas iluminadas.
Que los lunes la luna lunera 
para el sol no se engalana, 
bajaba la luna cansada, 
como quien salta una muralla...

Si a mi vera has de venir 
bronceado marinero, 
trae al menos una rosa 
que me turbe la mirada, 
ni mi cama es regalada
ni diadema oxidada.
 Soy diosa de tu retiro, 
esquina de los noquieros,
en el reino de los cielos 
Magdaluna me llamaban, 
horizonte rinde cuentas 
y amenaza mis mañanas.

Regálame las espinas,
que ya no tengo ganas...
 Bajaba la luna cansada, 
como quien perdió la palabra...



 
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