lunes, 19 de julio de 2010

Hasta Luego

Si de algo entendemos en mi tierra es de salpicar sueños en saco roto, crecemos mecidos por la cuna de la mar, la nuestra, su olor a sal y gamba roja, nuestro pequeño reino en medio del desierto, que tiene el honor de dar nombre a nuestra provincia como el Espejo del Mar. Pero parece que siempre tengamos que remitirnos a personas de otros sitios para explicar las cosas, somos tan mediterráneos como Serrat y conocemos su alma de marinero porque la hemos mamado desde pequeños, charlamos con acento propio, casi idioma, pero necesitamos a Alberti para convencer con nuestra palabra, que abre las puertas de ese infinito mar de dudas que son las ideas, y vivimos sin prisa oteando el horizonte, pensando rápido y hablando lento, con la bandera de las libertades palpitando en el mástil más alto, como si de un corazón se tratara.

Hoy miro desde mi ventana las calles de la ciudad y siento melancolía, pese a saber que me restan unas horas tan solo para volver a pisar la arena que me vio nacer, quizás este calor me esté retorciendo las neuronas, necesito el fresco del atardecer sentado en el porche de mi casa, no pretendo ofender a nadie pero soy privilegiado de nacer donde nací y pertenecer a donde pertenezco, con sus vicios y sus virtudes. Hoy sí me remito a mi gente, hoy vuelvo a sembrar mis raíces con un saco nuevo y recién estrenado, y siento orgullo de los hombres y mujeres de mi tierra, con manos curtidas y espaldas quemadas. Pronto volveré a la urbe con fuerzas renovadas, mientras tanto necesito un descanso y uso al quizás almeriense más ilustre para deciros hasta luego, ya lo avisé antes, si de algo entendemos es de sueños...

"... Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar... decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas, decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución, decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis, decidí ver cada noche como un misterio a resolver, decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos. Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar, descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui. Me dejó de importar quién ganara o perdiera; ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.
Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir. Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien «Amigo».
Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, «el amor es una filosofía de vida». Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas... Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.
Desde aquel día ya no duermo para descansar... ahora simplemente duermo para soñar.

Walt Disney."

lunes, 5 de julio de 2010

Gracioso puzzle

Esto lo escribí una noche que pasaba por mi querida Granada hace ya bastantes años, me quedé a dormir en el piso de mi hermana, no era mi mejor época y como siempre pues me da por escribir para expresarme, lo leí ayer después de mucho, demasiado tiempo, y me viene bien para hablar del orgullo gay, aunque no soy fan de esas exaltaciones porque no creo que sean buenas para la propia igualdad, ya que esta se basa en publicar la normalidad y no lo "especial", en fin, para un mujeriego como yo es raro leerse hablando de estas cosas, pero bueno, la imaginación es muy caprichosa...

"Tiene gracia, el insomnio te enseña cosas que son inverosímiles cualquier día por la mañana. Asomado en la terraza observas, la noche es fría, miras la calle, las farolas, los coches aparcados, todo está vacío a estas horas, el único movimiento es el de algún gato que salta de contenedor en contenedor, buscando algún resto perdido que haya dejado el camión. 

Sólo estás fumando un cigarro dices, ahora me acuesto y mañana será otro día, sabes que eso es imposible, las noches en vela ofrecen el encanto de poder tener una percepción distinta del mundo que te rodea, la tranquilidad en el ambiente hace que la soledad, en estos casos, sea la mejor compañera. De repente, algo rompe la paz ahí abajo, escuchas unos pasos y murmullos, se acerca alguien, dos figuras al final de la calle, sientes curiosidad y puedes mirar con tranquilidad, la altura de tu posición te lo permite, te da seguridad. 

Se acercan, son dos mujeres, el sonido de los tacones es inconfundible, delatador, se paran, parecen jóvenes, una es más alta que la otra, no puedes describir nada más, no dejan de ser dos sombras en la oscuridad, ahí abajo está todo demasiado negro, un momento, pero qué..., de repente, te ves sorprendido con algo que no esperabas, algo raro, fuera de lo normal y que rompe la paz nocturna que se respiraba. 

No puede ser, miras bien lo que está pasando, se besan, así, como que no quiere la cosa, se besan, y a ti se te eriza el pelo al ver tal estampa, no te lo esperabas, sólo es eso, tú estabas con tu cigarro tranquilo y pensabas que ibas a escuchar una conversación, una despedida o la monótona escena de verlas pasar, Pero no, se tenían que besar, y ellas, es evidente, siguen a lo suyo, sin imaginarse que tienen tal espectador en un palco casi de lujo, y lo están haciendo con pasión en la acera de enfrente, a escasos metros de ti.

Lo primero que te viene a la cabeza es "¡Dios mío, cómo está el mundo de loco!", incluso te avergüenzas, casi te indignas, pero sigues mirando, no pierdes detalle, observas que se cogen de la mano, que se acarician las caras, que se abrazan y se intentan unir la una junto a la otra al máximo, después vuelven a juntar los labios. Entonces, en ese pequeño instante, en esos dos segundos, te vuelves a avergonzar, pero esta vez de ti mismo, echas la cara a un lado y das un paso hacia atrás. 

¿Cómo has podido mirar con tal descaro un momento tan íntimo, tan personal? Vuelves a escuchar pasos y ves que se marchan calle arriba, esta vez cogidas de la mano, y te das cuenta que no era ninguna locura, que el mundo no necesitaba ninguna terapia psiquiátrica ni mucho menos. Ante tus ojos, has tenido el privilegio de poder ver pasar la belleza del amor, y no hay cosa más natural en este cuerdo planeta que este instante que acabas de admirar y es que, la naturalidad, pura y simple, es demasiado bella.

Sigue teniendo mucha gracia, desde luego, nunca me había parado a pensar lo sencillas que somos las personas, pese a haber evolucionado tanto, el hombre, sigue guiándose por el instinto y si éste le dice que algo es antinatural esa es la primera impresión que va a tener, quiera o no quiera, es algo dictatorial y que viene completamente de fábrica, aunque también supongo que algo de culpa deben tener la sociedad en la que vivimos y la educación que se nos ha dado. 

Parece todo demasiado triste, demasiado fácil, ¿así que todo se resume a eso?, ¿instinto?, por supuesto que no, para algo existe la capacidad de reflexionar, de rectificar y ver las cosas desde el punto de vista de la razón. Hace unos años en este mismo país a esas dos pobres chiquillas, en el mejor de los casos, se las hubiera encerrado casi sin preguntar y se hubiera tirado la llave al río, por brujas se hubiera dicho, suena hipócrita, casi cómico, menos mal que la sociedad evoluciona y hoy día la única impresión que produce esta anécdota es la que yo sufrí en mis propias carnes, la simple duda que me produjo mi instinto, tan primario y estúpido, y el que diga que no, miente. 

Ya lo dijo Oscar Wilde: "Hablan mucho de la belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer es muy monótono, la duda es apasionante." Por eso es mejor no estar nunca seguro de nada, a veces es bueno admitir que el blanco no es blanco, todo depende de la percepción de cada uno, ya que cada persona tiene una y, de esa manera crea su propia realidad. Desde siempre me han enseñado que la primera impresión no es la que cuenta sino la segunda que es la que demuestra.

Y quién sabe, quizás dentro de unos años, que dos mujeres, que dos hombres o yo que sé, que un loro y un papagayo se besen en mitad de la calle se verá como la cosa más normal del mundo, como que los perros ladren o los gatos maullen, ese día la duda ya no existirá, se habrá esfumado como por arte de magia, y será un claro ejemplo que demuestre que este mundo tiene la cabeza en su sitio y que, como un puzzle interminable, siempre tiene una pieza más que colocar, nunca se acaba y poco a poco, con el tiempo y la paciencia, todo encaja."



 
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