sábado, 5 de noviembre de 2011

Un turrero en la corte del rey Juan Carlos, y tal.

AVISO PARA NAVEGANTES: Este es el típico artículo por el que mis más allegad@s camaradas me tildan de monstruo, personaje y todos esos sinónimos bufonísticos que tanto me gustan. Las opiniones aquí vertidas son eso mismo y más. Para concluir, no puedo pedir que no estén en desacuerdo conmigo, y viceversa.



Anoche entre cebada fermentada arreglaba el mundo, a base de sandeces y alguna que otra mirada al cielo para verificar esta meteorología más disparatada que "El camarote de los Hermanos Marx". Así que con más potencia que la voz de Harpo, afirmé en mi interior que había llegado la hora de emprender un nuevo reto. Eran las 2 de la madrugada y sereno, aunque yo andaba algo achispado, por lo tanto comprendí, mientras embutía mi cuerpo semicongelado en el polar del IKEA, que debía ir esta mañana a un mitin político pero a uno importante, de esos que llaman Central de Campaña. Es evidente que la aventura ya rondaba mi subconsciente pero fue, como tantas otras veces, mi amada y amarga diosa rubia alemana quien me despejó de dudas, y me dio el empujón que tanto necesitaba.

Por lo tanto esta mañana a las 9 ya estaba desayunando como un campeón y, para mi sorpresa, sin resaca alguna, será cosa de pensar en verde con más constancia y empeño que la madre que ahorra con el Fairy. Me he puesto una camisa de cuadros azul (reside la elegancia en el contraste), mi "barba" de tres días y las gafas de pasta para darme un aire intelectual. He salido a la calle para volverme a por una casaca, y es que hacía un día de chaqueta de pana, sin ganas de ser oportunista. Tras mi acicalamiento burgués he salido a la calle para coger un taxi, me faltaba "La revolución permanente" debajo del brazo para protagonizar una serie televisiva de la transición. ¿Por qué fracasaría José Coronado con "Los 80"? Preguntas que no cambiarán el mundo...

De camino a la estación, le he preguntado al taxista por El Velódromo, que no es el estadio del Olympique de Marsella sino el lugar donde se celebraba el acto. Me ha indicado que eso estaba más o menos donde Cristo perdió la sandalia, y que una vez fue a llevarle las llaves a un conocido para que abriera, que al parecer tenían carrera. Yo hasta ese momento pensaba que me dirigía hacia un pabellón deportivo, así que acto seguido le he consultado si había visitado o estado alguna vez en Turre... Tras su afirmación, he dilucidado que quizás no era muy socialista o que tenía mucha guasa. Supongo que lo segundo, porque llevaba a todo trapo a Ismael Serrano en el equipo de música, o quizás era la radio...

Una vez que he llegado a la parada de Cantaelgallo, muy conocida porque allí pasa el AVE pero no para, demasiados pájaros para un mismo corral (este chiste es malo y mío). Una vez allí, me he dirigido hacia un edificio que pondría cachondo al propio Calatrava. Allí no había rastro de caballos ni albero alguno, no ha sido hasta que no me he acoplado entre el gentío, cuando he mirado al suelo y me he dado cuenta que era para bicicletas, eso lo explicaba todo. Cantaban los Hombres G en directo, de todos los temazos famosísimos que tienen han escogido uno un tanto raro, no se qué de un mamón que sufre... Curioso cómo se vive como un marajá toda una vida, a base de contarle a la gente que tu novia te puso los cuernos. Me sentía como en Woodstock, más por la media de edad que por la calidad musical.

Las banderas se movían en una marea de igualdades, estado de bienestar y plástico barato, unas 30.000 almas coreaban el himno de la agrupación de Pablo Iglesias, bajo gigantes pancartas que lucían el lema "Pelea por lo que quieres" y yo, en ese momento lo hacía por buscar un humilde sitio, entre hombres calvos y señoras armadas con rosas de sus jardines. Aseguro que es más difícil adelantar una posición en un mitin socialista que conquistar Rusia en bermudas, lo he sufrido en mis carnes. Una vez he divisado un lugar acogedor me he acomodado, junto con una pareja setentona muy simpática, que portaba una bandera morada, quizás pensaban que era Azaña el que hablaba esta mañana, poco importaba porque ya empezaba. A Griñán me vas a permitir querido lector el privilegio de saltármelo, soporífero, nunca ha sido muy de mi gusto. Pero en el momento en el que han entrado en escena los barones de este reino, los Rolling Stones de las libertades, la cosa ha cambiado.

Siempre he sido Guerrista hasta la médula, admiro a un señor que dice lo que quiere, cuando quiere y como quiere, es como el tío soltero de las cenas de navidad. Que no hay que hacer campaña con lo de ETA: "Rubalcaba es quien lo hizo posible le pese a quien le pese", que no hay que meterse con los catalanes que allí nos votan: "El PER de Andalucía y Extremadura suma 400 millones y sólo el de Barcelona 7.000 millones", que "yo no necesito pertenecer a ninguna asociación de esas que llaman Elegidos de Dios, que yo soy alguien corriente". Genio y figura, todo un showman.

Y ya Felipe es otro cantar, esa melena vuelve locas a nuestras abuelas, es cierto, tiene carisma y no necesita ponerse traje, cuando uno cumple una edad nadie se fija en lo que lleva puesto. González se parece un poco a Mourinho, siempre habla de lo que él hizo, claro que tiene sus porqués bien claros. Mientras la señora de mi lado no paraba de decir lo guapo que estaba, me he fijado en que nuestro ex-presidente le habla al pueblo como un padre a un hijo: "Os lo dije", "Os avisé", "Habéis visto como iba a pasar"... No te juntes con esa gente que son del PP y me manchan la alfombra. Me quedo con una frase apoteósica: "¿Sabéis por qué Arenas nunca se había presentado en su tierra? Porque aquí lo conocemos..." Palabra de Felipe González, amén.

Y ya sólo me quedaba por ver a "el elegido" que siempre ha sido de mi agrado, es la niña bonita de mis políticos aspañoles. Mientras Rubalcaba arrollaba las teorías peperas con esa labia que la naturaleza le ha dado, cientos de personas también lo hacían saliendo a la calle, no porque no les interesaba sino porque la vejiga a cierta edad aprieta. Quizás le veo un fallo a estas elecciones, debería enviarle una carta al PSOE para que se den cuenta de la estrategia que seguro que les da la victoria, no podemos tener en el siglo XXI un presidente que se llame Mariano o Alfredo, suena a película de Paco Martínez Soria. Creo que deberían hacer como con Patxi en el País Vasco y llamarlo Al Rubalcaba, es más fluido, lo veo muy trending-topic.
Esto es como los conciertos y prometo que repetiré, me ha gustado la experiencia, si hasta hay grupis que arrancan los nombres de las estrellas de sus sillas. Una señora, que tenía pinta de ser importante en el partido por la de pines que llevaba en su jersey de punto, me ha colado hasta el estrado, allí me he sentido un pétalo más de la rosa. Y es que no puedo evitar terminar el artículo hablando en primera persona, es sumergirme en estos lares, con su empaque de público, banderitas y egos enfrentados y ya me siento uno más, no puedo evitar meterme en el papel. Si hasta he pensado en presentarme yo a las siguientes, para reconciliar un poco el 15-M y la Generación Perdida con la democracia, claro que quizás a ciertos barones de este reino y a una tal Chacón no les haga mucha gracia, aunque estoy seguro que con la guerra que doy, Alfonso me apoya. Estoy deseando que llegue el mitin del PP, tengo la camisa de Rafael Lorenzo ya planchada, prometo que ensayaré para la foto.

 
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